El clásico urbanismo gris al que somos sometidos parece ser el único posible y permitido en la cabeza de la gente. El agobiante transporte personal impulsado por combustibles fósiles nos es impuesto como una necesidad desde que nacemos. Qué nos cobren por la comida nos disgusta pero lo aceptamos. Ser ricos es nuestra única meta.

Estos prejuicios impuestos en la población (incluidos los gobernantes) continúan la flosofía de vida capitalista y consumista que tanto mal le hace a la propia raza humana. Optar por una economía y modo de vida más ”verde” no es solo por un hecho de comodidad, de estética, ni por preservar los tiernos osos pandas, ni porque se le hace ”daño” al planeta. Es algo necesario, y tenemos bastante poco tiempo. El calentamiento global producido por la quema de combustibles fósiles parece no importarle a nadie seriamente. Pocos penarían igual si supieran que si se sigue calentando la Tierra se derretirían las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida, provocando un incremento de 7 metros en el nivel del mar la primera (hundiendo metropolis como Nueva York y Alejandría), y de 62 metros (!) la segunda (sin comentarios). De darse ésto, un pequeño porcentaje sobreviviría, probablemente la gente con poder, y con tranquilidad le puedo decir que ni usted ni yo estaremos en esa pequeña lista.

De derretirse Groenlandia, morirían millones de personas, se hundirían economías enteras, se desataría un caos mundial; el gasto calculado para llegar a la sustentabilidad con las energías renovables es cercano al 1% del PBI mundial. Pero claro, andar en auto es más cómodo. Sencillamente se podría acelerar la inversión en energía eólica, y todos nos beneficiaríamos por ello: el estado dejaría de depender de la intrincada mafia del petróleo, la energía eléctrica sería baratísima para toda la población, se podría aumentar la producción casi indefinidamente, hasta lograr un transporte terrestre totalmente impulsado por energía eléctrica (las carencias en el arranque serían compensadas con la quema de pequeños volúmenes de biocumbustibles). La inversión inicial es bastante grande, aunque está al alcance de la mayoría de las potencias mundiales.

Los molinos eólicos, hasta que aparezca una nueva tencnología, parecen ser la solución.

Volviendo al tema de las ciudades, es posible un nuevo camino de urbanización en el mundo. Por sobre todas las cosas es necesario aclarar que las megalópolis de millones de habitantes son inviables. Una colonia humana de semejante magnitud es una devoradora de recursos naturales que no posee capacidad de producir alguno. Por otro lado nuestra genética nos condiciona a relacionarnos con un máximo de 150 personas, entonces…¿para qué vivir con millones de caras desconocidas? Esto no hace más que alterar nuestra estabilidad psicológica. Los amish, ese famsosa comunidad  cristiana estadounidense congelada en el siglo XIX, sin ningun estudio previo han adoptado colonias de 150 personas, al igual que la mayoría de comunidades indígenas del mundo. Estudios en facebook indican que nos relacionamos principalmente con 150 personas, los demás amigos que tengamos son casi invisibles a nuestros ojos, lo que confirma el carácter genético inviolable de dicha afirmación.

Dichas enormes colonias, de calles y veredas de pavimento, de árboles no alimenticios, es una perdida de espacio útil (es más, contaminante) para saciar el hambre de la humanidad. Si los techos de casas y edificios tuvieran paneles solares para calentar el agua, sería rentable tanto como para los arrendatarios como para los inquilinos. Si los árboles de las calles fueran frutales, se cubriría un buen porcentaje del consumo de alimentos, fijando dioxido de carbono, depurando la atmósfera de la ciudad. Si continuáramos con el cambio urbanístico, y cubriéramos de pradera las calles y veredas, sería aún mejor. ¿Pero cómo mantenemos el pasto corto en un área así? Dos pájaros de un tiro: caballos. La sustitución del transporte personal (autos y motos) por caballos sería sustentable,  y siguiendo la cadena trófica, sería impulsado por energía solar disponible. El transporte de masas se realizaría por ómnibus impulsados por energía electrica con techo con paneles solares. Muy probablemente esté equivocado, pero estos cambios creo que no resultarían demasiado radicales en la vida social y rutinaria de las personas.

Pero podríamos avanzar aún más con esta cadena de cambios. Si desintegrásemos la ciudad, en edificios de 10 o más plantas colocados a distancias de varios cientos de metros e incluso kilometros,  conectados por caminos con sistema de transporte público y verde, y embebidos todos en una matriz de producción agrícola perteneciente a toda la ciudadanía, obtendríamos una red social, cultural, comercial e industrial con la riqueza de la tierra a mano y sin el agobiante problema de la polución. Estos cambios resultarían en una nueva mentalidad colectiva activada por el ambiente natural, la desaceleración de la vida diaria, la igualdad entre todos y la poca importancia (y por tanto preocupación) del dinero, factor determinante en la sociedad actual. Como es probable que las redes sociales humanas automáticamente establecen criterios de jerarquía, no quedará otra opción que los de mayor escalafón sean los mejores y más carismáticos ingenieros, artistas, diplomáticos y científicos, no simplemente el que pavonea con ropa o autos caros.  Habría instituciónes educativas abarcando cierto número de éstos complejos, y los centros comerciales estarian dsitribuidos de la misma forma, por ser lo mejor logísticamente.

Todos estos cambios dejarían un pais económicamente amortiguado, socialmentre estable y con gran producción intelectual y teconológica. Todo esto sería sostenido en un principio con las exportaciónes, que serían manejadas por el estado. En realidad tendríamos un país institucionalmente cercano a la URSS  leninista, pero optando por el camino ”verde y limpio”, y con el alto nivel tecnológico actual.

El dichoso Plan Ceibal con el que contamos en Uruguay es parte de ese sistema, que parece tan alejado, pero una vez fue cierto, gracias a Lenin, aunque uno ahora, con todas las tecnologías  del siglo XXI, sería una utopía propiamente dicha.

Una laptop con conexión a internet para cada niño, utopía alcanzada en Uruguay.

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